UNIDAD CORONARIA DEL HRA SIGUE RESCATANDO PACIENTES GRAVES POR COVID DESDE OTRAS PARTES EL PAÍS

El domingo 23, cinco funcionarios de la Unidad Coronaria del Hospital Regional de Antofagasta viajaron muy temprano en un pequeño avión hasta Santiago. Su misión: proporcionar la última esperanza de vida para un joven de 34 años afectado gravemente por covid-19.
Han sido muchos los traslados de pacientes covid desde y hacia la capital en lo que va de pandemia. Lo especial del rescate aéreo del domingo es la utilización de un ECMO móvil, sistema de circulación extra corpóreo que últimamente está siendo muy utilizado para los casos más graves de esta enfermedad, en donde la recuperación con ventilación mecánica invasiva ya no es posible.
Para el personal de la Unidad Cardiovascular, salir hacia otra ciudad, conectar a pacientes críticos a un Ecmo y llevarlos de vuelta al Hospital Regional, tanto por tierra como por aire, ya está siendo algo habitual, sobre todo en esta segunda ola por covid. Así lo explica el jefe de la unidad y cirujano cardiovascular, Javier Labbe
Si bien el Ecmo lo tienen desde el 2012, su utilización no era tan alta como hoy y estuvo limitada a rescatar pacientes con operaciones cardiacas, en donde el aparato suplía las funciones del corazón y del pulmón. En la actualidad, nos comenta Labbe, su utilización es para reemplazar las funciones pulmonares solamente, en donde lo que se busca es darle un tiempo más al enfermo para que su pulmón pueda recuperarse.
El que el Hospital disponga de este aparato es sólo una parte de la ecuación. Igual de relevante es que hay personal que sabe cómo y cuando utilizarlos.
El cirujano cardiovascular, Andrés Pumarino, responsable del más reciente rescate aéreo con Ecmo, explica que un traslado de este tipo implica contar, además de un profesional de su especialidad, con un médico anestesista, un enfermero perfusionista (operador del Ecmo) y una enfermera arsenalera.
“Esta es una tecnología limitada, digo limitada, porque no todos los hospitales tienen estas máquinas, ni tampoco el equipo humano que las haga funcionar y controlar. Y además se reduce aún más a los centros que pueden viajar con los profesionales y las máquinas”, detalla Pumarino.
A la llegada al hospital desde donde se rescata el paciente, siempre hay otro equipo de profesionales para prestar apoyo. Conectada la persona, que es otro proceso delicado, el desafío es mantener al paciente estable y conectado en un viaje donde el espacio físico siempre es pequeño.
Volviendo con el jefe de la unidad, Javier Labbe, explica que han rescatado pacientes de Calama e Iquique, en donde la constante ha sido personas jóvenes en estado crítico. Hasta el momento tienen la satisfacción de saber de una paciente recuperada y egresada del hospital que, en algún momento, fue conectada al ECMO móvil, destaca.
Pero Labbe sabe que no todos los casos tienen este final feliz, recurrir a un Ecmo es el último recurso, insiste.
El doctor Pumarino dice que “hasta ahora, nos ha ido bien porque hemos sacado adelante algunos, y otros están en proceso. Pero es un trabajo multidisciplinario, con los residentes de la UCI Coronaria, los Kinesiólogos, TENS, perfusionistas, consulta con expertos de otros centros de mayor experiencia, estudio y revisión permanente de publicaciones científicas… Es un tremendo trabajo y esfuerzo”.
La reflexión final es de Pumarino, a propósito de la edad de quienes están siendo conectados a un Ecmo. “Ojalá los más jóvenes puedan comprender esto, y tener un poco de empatía con lo que está pasando y los enfermos graves. El virus los transmitimos los seres humanos, no está en el aire volando como las gaviotas… si yo me junto con otros en un lugar cerrado sin mascarilla, y tengo el virus, pero no lo sé porque estoy asintomático, contagiare a todos en ese lugar, y alguno tendrá la mayor carga viral, que enfermará gravemente y terminará en una UCI”.

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